Muchas personas son de carácter impulsivo, en realidad todos tenemos momentos en los que no dominamos nuestros impulsos y obramos sin valorar, sin pensar. Después nos esforzamos en arreglar aquello que hemos estropeado, en pedir perdón, en hacer creer que no es tan grave, que no pasa nada.
En una ocasión, en algún lugar, una persona fue vista por su maestro pidiendo excusas después de una explosión de ira. La llamó aparte y le entregó una hoja de papel impecable, lisa y nueva y le dijo:
- ¡Estrújala!
Asombrado obedeció e hizo con él una bolita.
- Ahora, le dijo, déjalo como estaba antes.
Lógicamente, no pudo dejarlo como estaba, por más que lo intentó el papel quedó lleno de arrugas, era imposible
- El corazón de las personas, dijo el maestro, es como ese papel... La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas.
Es necesario ser más comprensivo y paciente. Cuando sientas ganas de estallar, piensa en el papel arrugado.
Las huellas que dejamos en los demás no podemos borrarlas.
Aunque intentemos arreglarlo pidiendo perdón, aunque consigamos al final una sonrisa de la otra persona, el mal está hecho.
Alguien dijo alguna vez Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio. Debemos controlarnos, y no usar palabras llenas de odio o rencor y luego arrepentirnos. No existe la marcha atrás, no podemos cambiar lo que quedó grabado en el otro.
Olvidemos los tópicos: Aunque le duela se lo voy a decir... o La verdad siempre duele... o No le gustó porque le dije la verdad... Se lo dije al fin... o ¿Para qué le voy a mentir...? o Yo siempre digo la verdad aunque duela...
Pensemos cómo nos sentirnos nosotros si alguien nos habla o actuar así... Si valorásemos antes esto, ¿Lo haríamos?
Se consciente que el Universo te devuelve lo que le envías, que todo lo que dices o haces a los demás, lo recibirás en algún momento
Esforcémonos en dar lo mejor a toda persona que se cruce en nuestra vida, valoremos la calidad de nuestro trato humano.
Seamos comprensivos y pacientes, pensemos antes de actuar y de hablar.
Pensar antes de hablar, valoremos el que y el como
Lun, 20/07/2009 - 20:54
Pensar antes de hablar, valoremos el que y el como
Jue, 20/08/2009 - 08:04
#1
Y que cierto es...... En una ocasión una persona me contestó... no tiene importancia..las palabras se las lleva el viento.......
No, las palabras no se las lleva el viento.. Cada palbra pronunciada tiene un peso especifico, podemos perdonarlas, podemos hacer esfuerzos por olvidarlas, pero por mas esfuerzos que hagamos siempre estan alli en nuestro recuerdo, en nuestro subconsciente, el premio a todos estos esfuerzos es que al paso del tiempo, mas o menos segun, estas palabras ya no tienen una repercusion emocional al recordarlas.
Hay que tener mucho cuidado no tan solo con las palabras que podamos emitir en momentos de enojo, rabia, sino tambien cuando nos erigimos en consejeros, maestros, predicadores, cuando damos opiniones gratuitas, o incluso cuando, sin quererlo, nos encontramos emitiendo algun que otro jucicio, ya que luego cuando la vida por circunstancias nos pone en nuestro camino expreciencias similares, muchas veces nos las tenemos que comer con patatas fritas.
Ni siquiera cuando hemos pasado por una experiencia podemos aconsejar a nadie, ni querer imponer nuestro criterio, no quiero decir con ello que no podamos ni hablar ni aconsejar ni exponer nuestras experiencias, las palabras siempre podemos utilizarlas desde la humildad y dejando siempre la libertad al otro de escojer su libre decisión.
Un beso
No, las palabras no se las lleva el viento.. Cada palbra pronunciada tiene un peso especifico, podemos perdonarlas, podemos hacer esfuerzos por olvidarlas, pero por mas esfuerzos que hagamos siempre estan alli en nuestro recuerdo, en nuestro subconsciente, el premio a todos estos esfuerzos es que al paso del tiempo, mas o menos segun, estas palabras ya no tienen una repercusion emocional al recordarlas.
Hay que tener mucho cuidado no tan solo con las palabras que podamos emitir en momentos de enojo, rabia, sino tambien cuando nos erigimos en consejeros, maestros, predicadores, cuando damos opiniones gratuitas, o incluso cuando, sin quererlo, nos encontramos emitiendo algun que otro jucicio, ya que luego cuando la vida por circunstancias nos pone en nuestro camino expreciencias similares, muchas veces nos las tenemos que comer con patatas fritas.
Ni siquiera cuando hemos pasado por una experiencia podemos aconsejar a nadie, ni querer imponer nuestro criterio, no quiero decir con ello que no podamos ni hablar ni aconsejar ni exponer nuestras experiencias, las palabras siempre podemos utilizarlas desde la humildad y dejando siempre la libertad al otro de escojer su libre decisión.
Un beso




